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Un barbero transgresor y divertido

La popular ópera de Rossini, cuarto título de la temporada de Oviedo, arrancó anoche las risas del público, pese a una escenografía muy cuestionada

17.12.08 -


Al menos en el espíritu cómico se puede hablar de una fidelidad de base entre esta representación de 'El barbero de Sevilla' y la idea original de Rossini. El 'barbero' es una obra con ingrediente de provocación, con situaciones cómicas un tanto disparatadas y absurdas, tanto hace dos siglos como en nuestra época.
Ese hilar situaciones impregnadas de humor es lo que busca esta nueva producción de la Ópera de Oviedo y el Stadt Theater Bern. Mariame Clément, que hace un par de años dirigió, también de Rossini, el 'Viaje a Reims' plantea una adaptación, de la Sevilla dieciochesca a una urbanización actual. Almaviva, cuando se tiene que disfrazar de soldado, se presenta como Rambo. Rosina es una joven encerrada en su cuarto que se depila y acicala. Figaro tiene un toque canalla. Bartolo es dentista, y todo ello se desarrolla en un cubículo abierto; una especie de casa con cuadrados que van girando y adaptándose a las circunstancias.
Puesta en escena peculiar
La escenografía fue, en todo caso, objeto de dispares opiniones. De hecho, una vez cantada el aria 'Una voce poco fa' por Rosina, mientras aparentaba depilarse en escena, un espectador criticó en voz alta la puesta en escena. La división de opiniones sobre la escenografía acabó en un pateo final del público del Campoamor.
Álvaro Albiach al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias se encargó de que todo encajase de una manera animosa. Se percibe que el director está a gusto. Su utilización de los 'tiempos', más moderada de lo habitual, así como de los 'crescendo' tenía mucho acierto. dio un relieve profundo y muy cuidado a los 'concertatos', caso del final del primer acto. De suyo, la 'obertura' ya fue muy aplaudida
Dentro de estos aspectos generales, debemos resaltar la grata impresión del Coro de la Ópera de Oviedo, que confirma lo que ya hemos percibido en 'The Rake's Progress»'. Tenemos coro de ópera. Coro que actúa y canta muy bien en todas sus intervenciones, siempre subrayando la acción de los cantantes.
Indudablemente 'El barbero' es una ópera que se sustenta no sólo sobre la comicidad de los protagonistas, sino sobre el buen hacer de los cantantes. Cada papel, cada aria, posee una complejidad específica. Y en general, se puede hablar de una versión vocal de alta calidad.
Simón Orfila hizo un Don Basilio muy solvente. El aria de 'La Calumnia' resultó impecable, con numerosos planos de intensidad dinámica.
El barítono
Pietro Spagnoli dió vida a un Figaro simpático e irónico en carácter. Flexible, ágil en cuanto a voz y moviéndose siempre bien en el escenario.
Silvia Tro Santafé como actriz y cantante representó una Rosina ideal, con una voz preciosa, facilidad para los agudos y un registro medio muy sugerente, pese a su voz de mezzo. Finalmente, el tenor José Manuel Zapat tuvo una muy buena actuación, destacando muy especialmente su intervención en 'La Serenata'.


http://www.lavozdeasturias.es/noticias/noticia.asp?pkid=464564
CUARTO TÍTULO EN EL CAMPOAMOR.
Barbero imberbe
El público estuvo dividido con aplausos en varias arias, algún bravo y ligero pateo en otras escenas.
Pietro Spagnoli se hizo con el escenario desde el comienzo de la obra y fue el más destacado.

17/12/2008 REDACCION


Pietro Spagnoli
y José Manuel Zapata caracterizados como Figaro y el Conde de Almaviva.
Foto:OPERA DE OVIEDO

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La primera representación de Il barbiere de Siviglia dividió al público casi desde el principio. El primer acto tuvo una discreta acogida a pesar de que se escuchó algún bravo y varias arias del tenor José Manuel Zapata --el Conde de Almaviva-- estuvieron entre los momentos más aplaudidos de la noche. Otra escena protagonizada por Zapata y Spagnoli --Figaro-- sin embargo, se llevó ligeros pateos cuando ambos se pusieron a orinar en una pared.

La directora de escena, Mariame Clément, situó la acción en un barrio residencial con chalets individuales donde se desarrolla la ópera, y así aparece tan pronto comienza la ópera. Como ya explicó el director musical Alvaro Albiach, el decorado cambiaba girando sobre su propio eje, en una casa donde se desarrollaban todas las cosas. También dividió al público el hecho de disfrazar a Zapata de un soldado más actual que recordaba a Rambo y convertir a Don Basilio en una especie de adicto a la anestesia, por los cuidados de Don Bartolo, aquí dentista.

En el primer acto, que duró exactamente una hora y 30 minutos, el elenco fue irregular. Además de Zapata, el más aplaudido, Pietro Spagnoli fue el verdadero protagonista sobre el escenario y quien ponía orden y por momentos llevaba a la orquesta. Largo al factotum se llevó una ovación y el aria Una voce poco fa disgustó a más de uno porque la mezzo Silvia Tro Santafé --Rossina-- salía sobre escena depilándose. Aquí, Clément transformó las florituras belcantistas en los gritos de dolor de Rossina. También gustó Simón Orfila después de su aria La calumnia , a pesar de que la puesta en escena --ultracómica-- no caló entre muchos aficionados. Y tampoco se entendió que el Conde quedase con un paraguas bajo una tubería con agua, a pesar de lo interesante de la escena.

En los días previos al estreno, el director de la temporada Javier Menéndez, quiso dejar claro que "la polémica es sana" cuando empezaron a escucharse las primeras voces críticas en contra del título, que lleva la misma firma que el polémico Il viaggio a Reims de hace dos temporadas. Sin embargo, los implicados --Clément y Albiach, en este caso-- intentaron quitar hierro al asunto explicando que "la puesta en escena es totalmente respetuosa con la idea original de Rossini" y que nada de lo que se vería sobre el escenario iba contra el compositor. Más aún, Menéndez consideró la puesta en escena más tradicional que rompedora, a pesar de su frescura y jovialidad. Y aprovechó para recordar que había sido nominada como mejor escenografía del año 2008, que fue tachada de demasiado tradicional entre el público alemán "acostumbrada a cosas mucho más radicales" sobre las tablas.

"SET FUNCIONAL" La directora también evitó comparaciones con aquel Viaggio porque "no tenía historia" y aquí está tan definida que lo difícil es hacerla simple por su complejidad. De hecho, quiso destacar "el set funcional, sencillo y simple que ayuda a que todo parezca irónico y divertido". Rosina es una "adolescente actual con mucha determinación" que "sólo conoce el mundo actual por las revistas del corazón", mientras que el Conde de Almaviva se presenta como un personaje más actual al igual que Figaro, que cambia la bata de barbero por una chupa de cuero omnipresente para conseguir cumplir su sueño, ser el hombre más conocido de la ciudad.


http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008121800_31_707941__Oviedo-Barbero-Benny-Hill
José Manuel Zapata y Pietro Spagnoli
La Nueva España
Diario Independiente de Asturias


El «Barbero» a lo Benny Hill
Un montaje innovador, y no provocador en exceso

16/12/2008

COSME MARINA C. M.


Mariame Clément se está convirtiendo en el Campoamor en nuestro particular Calixto Bieito por su capacidad para levantar pasiones desenfrenadas. Y además lo consigue con montajes innovadores y, curiosamente, no provocadores en exceso, salvo algún detalle introducido a modo de un resorte que activa y desajusta la presión sanguínea de la platea. Clément dio una lección de dramaturgia y dirección de escena hace dos años con un «Viaggio a Reims» divertidísimo que, además, triunfó en Berna y Tel Aviv. Y volvió a Oviedo también con Rossini, pero esta vez con «Il barbiere di Siviglia», uno de los títulos fetiche del público asturiano. Y como no podía ser menos, su mirada no dejó indiferente a casi nadie. Desde luego, si yo fuera programador, le encargaba cada dos años un proyecto a la directora de escena francesa porque así me aseguraba buen taquillazo -nada menos que un récord de cinco funciones casi llenas articulan este «Barbero»-. Pero, ¿fue para tanto el aceite de ricino de la francesa? Ni mucho menos. Hasta el punto de que esta producción ha sido descartada en la Ópera de Frankfurt por ¡conservadora! ¡Uff qué lío! Vayamos por partes.

Hay una tendencia clara en Mariame Clément a ubicar sus producciones líricas en la turbia estética de los años setenta forzando, además, un tono cutrecillo, en el que los horteras campan a su libre albedrío. De hecho, la escenografía y el vestuario de Julia Hansen habrían hecho las delicias del británico Benny Hill para su celebrado espectáculo cómico. Con ese punto de partida estético le da un vuelo ligero y de vodevil bastante peculiar, en este caso, al melodrama bufo rossiniano. Tiene, también, un defecto que lastra un poco su discurso narrativo, que no es otro que el abuso del gag como situación cómica. En Rossini no es necesario enfatizar tanto porque la burla y el humor inteligente ya están magistralmente descritos en la partitura y, exagerados, a veces desvirtúan la comicidad. Clément tiene enorme talento escénico, técnica teatral muy consolidada, que se deja ver en la fluidez en que están encadenadas las escenas, en el soberbio manejo del arquetipo de cada personaje, en los guiños constantes al teatro del absurdo y en el manejo calculado de una provocación que podríamos denominar controlada. Hay una sucesión de boutades que ejercen un efecto de montaña rusa. O como diría Boris Izaguirre, una seriación de «momentos». A saber: momento micción-reconocimiento, momento serenata con músicos callejeros, momento tiras de depilación de Rosina, momento váter-tocador (este momento WC le gusta mucho a la Clément, como ya se vio en el «Viaggio», cuando una bajada de medias, un desodorante roll-on y unos tocamientos encendieron la chispa), momento lecciones de música con Basilio rocker acabado y Almaviva en el travestimento a lo Elvis -sensacional la morcillita musical en la lección- y como soldado borrachín a lo Rambo («no siento las piernas»), o momento cubos de basura-Vilma Picapiedra, por sólo citar algunos efectos en los que la alta capacidad inventiva de la directora de escena se desarrolló sin la menor cortapisa. O, lo que es lo mismo, fue fiel al espíritu de Rossini en la comicidad desde un planteamiento libre, con una dosis equilibrada de riesgo y prudencia. Es lo que debe esperarse de una creadora joven, de una artista que está desarrollando una carrera fulgurante en media Europa.

Después de los comentarios en torno a la mayor o menor implicación del reparto en la producción, lo que se vio sobre las tablas fue un reparto de profesionales de primera categoría. Es evidente que unos estarían más o menos de acuerdo con la propuesta escénica, también lo fue que se ganaron el éxito cantando y actuando a pleno rendimiento, sin escatimar nada, con una entrega que el público reconoció de manera constante a lo largo de la representación. Hay que destacar también la sensacional prestación del coro masculino de la Ópera de Oviedo, perfecto escénica y vocalmente, y el sobrio trabajo de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, dirigida por un Álvaro Albiach buen conocedor del estilo rossiniano, aunque se echase de menos un poco más de vivacidad tanto en la obertura como en algún que otro pasaje orquestal al que le faltó chispa. De todas formas, Albiach aporta seguridad, ajuste foso-escena, y rema a favor de los cantantes, algo esencial y no tan frecuente como pudiera pensarse.

Esta vez se consiguió un reparto homogéneo en su integridad. Así debe funcionar un elenco vocalmente, en bloque y con equilibrio. Los protagonistas son rossinianos de largo recorrido y eso, claro está, se nota. Pietro Spagnoli es uno de los más importantes barítonos de nuestro tiempo y uno de los Fígaros de referencia, y lo demostró en su debut ovetense con creces. Cantó con rotundidad apabullante la cavatina «Largo al factotum della città», exhibiendo voz de hermoso timbre, segura en el agudo y con intención y garra. El desarrollo de su personaje -concebido como un listillo buscavidas muy controlador de todas las situaciones- fue impecable en lo escénico y lo vocal de principio a fin. Tampoco se anduvo con rodeos el tenor José Manuel Zapata como conde de Almaviva. Zapata debutó profesionalmente en el Campoamor y el público lo ha visto crecer artísticamente. Ha cantado este rol con éxito arrollador en el Metropolitan de Nueva York y escucharlo aquí ha sido un lujo, la evidencia de que estamos ante uno de los cantantes españoles de mayor entidad y uno de los nombres que marcarán la pauta lírica en los próximos años. Escénicamente se sale -fantásticos los recitativos en italiano gangoso con acento inglés- por la simpatía que derrocha en escena, y vocalmente ya marcó el territorio desde el esplendente «Ecco, ridente in cielo». Mantiene Zapata una flexibilidad vocal, una ductilidad asombrosa para una voz de su volumen. Además, es un cantante valiente y se atrevió a abrir una de las arias más complejas no sólo de Rossini, sino de todo el belcanto, «Cessa di più resistere», que la mayoría de los tenores optan por obviar por su erizada dificultad. Escucharlo es asistir a un ejercicio admirable de fidelidad al canto rossiniano. Más allá de la mera exhibición técnica, hay profundidad expresiva y rigor interpretativo. Tampoco vocalmente se encuentran problemas en la mezzosoprano Silvia Tro como Rossina. Es un papel que desarrolla con holgura, exhibiendo buen registro central y agudos seguros, aunque quizá lastró su intervención cierta frialdad escénica que la dejó un poco atrás con respecto a otros compañeros suyos de reparto. Y en ese primer nivel también el bajo Simón Orfila cantó un magnífico Basilio, sobrado de medios, y muy brillante en la célebre aria de «La calumnia». Entre los secundarios, estupenda la Berta de Marta Ubieta y a buen rendimiento Arturo Pastor como Fiorello y el resto de partiquinos que completaron un reparto de un «Barbero» que, sin duda, seguirá dando que hablar en las próximas semanas.

A estas alturas de la película, el montaje de «Il barbiere di Siviglia» estrenado el martes es una mirada sobre la obra bastante naif e inocente con pinceladas de absurdo salpimentadas con alguna broma de brocha gorda, todo lo más.

La lectura positiva que se puede extraer es la polémica final, con división rotunda de opiniones que recibió, tras el éxito unánime y vigoroso del reparto y del director musical, la directora de escena Mariame Clément en su salida al escenario. Tampoco nada nuevo bajo el sol. En este apartado Oviedo se instala en la normalidad lírica que caracteriza las temporadas internacionales, siempre convulsas cuando de la escena se habla. El siguiente escalón -nosotros vamos aquí con un poco de retraso- es que ocurra lo que está pasando en algunos teatros en los que se abuchean ahora las producciones más clásicas. Curioso.

De todas formas, el batiburrillo y la traca final son el mejor indicio de un teatro vivo que, ya desde hace años, muestra un eclecticismo muy atractivo que no responde a imposiciones de nadie, de ninguna tendencia, sino que muestra con bastante espontaneidad sus reacciones. Y la libertad no es del gusto de todo el mundo. Aún recuerdo cuando se mandaba callar si alguien aplaudía y determinado sanedrín dictaba que aquello no era digno de ovación. Esto se acabó. Ahora el que quiere patear lo hace y el que ovaciona y bravea también -todos pagan su localidad y tienen idénticos derechos- en sanísimo ejercicio democrático. El éxito del martes y la trifulca son síntomas evidentes para diagnosticar la buena salud del ciclo lírico ovetense, capaz de llamar a la reflexión, de apasionar e indignar a unos y a otros. Ahí está la línea de trabajo adecuada, no en reiterar los títulos tradicionales desde una óptica uniforme. La ópera está viva como género en todo el mundo porque ha sabido arriesgar, renovarse y seguir adelante impulsada en la tradición, no viviendo únicamente de las rentas del pasado. Esto no quiere decir que, también de vez en cuando, sobre el escenario, no podamos presenciar alguna aproximación en una línea más convencional, de calidad eso sí, no las casposidades que vimos en el pasado. Aunque bien pensado, después de trece temporadas de «Barbero» representadas en el teatro siempre bajo el mismo prisma escénico -en algunos casos cercano al horror- no está nada mal que, aunque sea por una vez, se haga desde otra perspectiva. Esto no hace daño a nadie, digo yo. En fin, que estas cosas retratan y a alguno ayer se le vio -y se lo oyó- la patita, y no precisamente bien depilada.


http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008121700_31_707521__Oviedo-Barbero-risa
La Nueva España
Diario Independiente de Asturias

Un «Barbero» ¿de risa?

La labor de la directora de escena, Mariame Clement, fue valorada con una mezcla de aplausos y un sonoro pateo

Pietro Spagnoli se coronó en su debut en Oviedo y también consiguió un gran éxito Zapata


17-12-2008

Diana DÍAZ / Pablo GALLEGO

La Ópera de Oviedo destapó ayer todos los secretos de su última apuesta, un «Barbero de Sevilla» arriesgado para los cánones habituales del ciclo en el Campoamor, apuesta a la que el público respondió con una de cal y otra de arena: aplausos y un sonoro pateo. La esperada producción de la obra de Rossini, una colaboración entre Oviedo y el Stadt Theater Bern que mezcló la realidad con guiños al teatro del absurdo, no dejó indiferentes. Sorpresa en todas sus vertientes. Pero, sobre todo, pura diversión. Y unas voces de altura.

En el entramado de cualquier ciudad se desató la locura entre un triángulo amoroso. Bartolo es, según la directora de escena, Mariame Clement -su presencia sobre el escenario en los saludos finales fue la que desencadenó el pateo del público-, un dentista, especialidad clave para lograr situaciones cómicas. En su consulta se desarrollaron las tretas que urde Fígaro para ayudar al conde de Almaviva en su conquista de Rosina, una lolita que conoce el mundo a través de las revistas. Y es que el encarcelamiento que sufre la chica por el doctor Bartolo no es razón para que merme un cierto carácter rebelde.

Silvia Tro, como Rosina, hizo su entrada en escena al ritmo de unas tiras depilatorias -que pusieron los pelos de punta a algunos espectadores- y fue festiva en su papel.

La escenografía, centrada en las posibilidades de una caja con múltiples caras, se desarrolla entonces alrededor y en los interiores de una casa de usos múltiples. A sus pies, un cubo de basura y un contenedor, según la medida, sirven de escondite para las primeras tretas de la conquista. Almaviva se ha reencontrado, cara a la pared, con su compañero de la mili, Fígaro, uno de esos personajes que «siempre tiene un plan». Pietro Spagnoli fue el barítono bufo, irónico y «sobrado» que le hizo merecedor de grandes aplausos.

José Manuel Zapata brilló como el conde snob y estrambótico y cuajó el personaje. Zapata, que en su periplo como conde se ha calzado hasta un traje de abejorro, esta vez aparece ataviado como Rambo, borracho, y como Elvis Presley, con un marcado acento americano.

Álvaro Albiach, al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), valoró el ritmo y el impulso de Rossini, con gusto por el detalle y aportaciones en la agógica.


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El barbero de ser sería

18/12/2008

AURELIO M. SECO


EL BARBERO DE SEVILLA

Lugar: Teatro Campoamor Fecha: 16 de diciembre


...................El más destacado del reparto fue
Pietro Spagnoli –Fígaro–, un cantante de buena voz, temple, carácter, gusto interpretativo y así hasta conformar un carisma sobresaliente, hacia donde se dirigían todas las miradas cuando estaba en escena. Dominó la acción con gran seguridad, e incluso perfeccionó lo limitado de la escenografía, cuando las puertas no acaban de cerrarse bien o los marcos de las ventanas de permanecer en su sitio, tal era la escasez de medios. Su saber estar fue admirable. Spagnoli supo como sacar lustre al registro agudo de su voz, que ofreció timbrado y muy atractivo, y supo salir del paso con recursos de gran cantante cuando los fragmentos líricos más exigentes –Largo al factótum– le metieron en algún apuro. Fue una auténtica delicia verle actuar y cantar, y sorprendente verle dirigir algún desconcertante fragmento concertante –Questa bestia di soldado–, marcando con las manos el compás, o chasqueando sus dedos para dar la entrada a la orquesta..............


http://www.elcomerciodigital.com/gijon/20081218/cultura/voces-calidad-escena-cuestionada-20081218.html

Cultura
Voces de calidad en una escena cuestionada
18.12.08 -
RAMÓN AVELLO


............
Pietro Spagnoli es un Fígaro acanallado, y todo un barbero 'de calidad'. Dueño de la escena desde su prodigiosa aparición en el 'Largo al factotum'. La seguridad en los amplios saltos vocales, la agilidad en los parlatos, la perfecta declamación, la forma de matizar o la potencia nos indican las cualidades del cantante. Cualidades que se complementan con la seguridad en la escena, el control de las situaciones y la naturalidad dramática de los buenos actores. Actor, cantante y barbero «de calidad».


http://www.abc.es/20081222/espectaculos-musica/barbero-impacto-20081222.html
Un «Barbero» de impacto

Lunes, 22-12-08

ÓPERA
«El barbero de Sevilla»
Intérpretes: J. M. Zapata, S. Tro, P. Spagnoli, S. Orfila. Dirección musical: A. Alviach.
Dirección de escena: M. Clément. Teatro Campoamor. Oviedo.

COSME MARINA

..................Se metió al público en el bolsillo Pietro Spagnoli como Figaro.........................

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