| http://www.elcomerciodigital.com/gijon/20081217/cultura/barbero-transgresor-divertido-20081217.html | |||||||||||||
Un barbero transgresor y divertido La popular ópera de Rossini, cuarto título de la temporada de Oviedo, arrancó anoche las risas del público, pese a una escenografía muy cuestionada 17.12.08 -
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| CUARTO TÍTULO EN EL CAMPOAMOR. Barbero imberbe El público estuvo dividido con aplausos en varias arias, algún bravo y ligero pateo en otras escenas. Pietro Spagnoli se hizo con el escenario desde el comienzo de la obra y fue el más destacado. 17/12/2008 REDACCION |
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Pietro Spagnoli y José Manuel Zapata caracterizados como Figaro y el Conde de Almaviva. Foto:OPERA DE OVIEDO EDICIÓN IMPRESA EN PDF |
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| La primera representación de Il barbiere de Siviglia dividió al público casi desde el principio. El primer acto tuvo una discreta acogida a pesar de que se escuchó algún bravo y varias arias del tenor José Manuel Zapata --el Conde de Almaviva-- estuvieron entre los momentos más aplaudidos de la noche. Otra escena protagonizada por Zapata y Spagnoli --Figaro-- sin embargo, se llevó ligeros pateos cuando ambos se pusieron a orinar en una pared.
La directora de escena, Mariame Clément, situó la acción en un barrio residencial con chalets individuales donde se desarrolla la ópera, y así aparece tan pronto comienza la ópera. Como ya explicó el director musical Alvaro Albiach, el decorado cambiaba girando sobre su propio eje, en una casa donde se desarrollaban todas las cosas. También dividió al público el hecho de disfrazar a Zapata de un soldado más actual que recordaba a Rambo y convertir a Don Basilio en una especie de adicto a la anestesia, por los cuidados de Don Bartolo, aquí dentista. En el primer acto, que duró exactamente una hora y 30 minutos, el elenco fue irregular. Además de Zapata, el más aplaudido, Pietro Spagnoli fue el verdadero protagonista sobre el escenario y quien ponía orden y por momentos llevaba a la orquesta. Largo al factotum se llevó una ovación y el aria Una voce poco fa disgustó a más de uno porque la mezzo Silvia Tro Santafé --Rossina-- salía sobre escena depilándose. Aquí, Clément transformó las florituras belcantistas en los gritos de dolor de Rossina. También gustó Simón Orfila después de su aria La calumnia , a pesar de que la puesta en escena --ultracómica-- no caló entre muchos aficionados. Y tampoco se entendió que el Conde quedase con un paraguas bajo una tubería con agua, a pesar de lo interesante de la escena. En los días previos al estreno, el director de la temporada Javier Menéndez, quiso dejar claro que "la polémica es sana" cuando empezaron a escucharse las primeras voces críticas en contra del título, que lleva la misma firma que el polémico Il viaggio a Reims de hace dos temporadas. Sin embargo, los implicados --Clément y Albiach, en este caso-- intentaron quitar hierro al asunto explicando que "la puesta en escena es totalmente respetuosa con la idea original de Rossini" y que nada de lo que se vería sobre el escenario iba contra el compositor. Más aún, Menéndez consideró la puesta en escena más tradicional que rompedora, a pesar de su frescura y jovialidad. Y aprovechó para recordar que había sido nominada como mejor escenografía del año 2008, que fue tachada de demasiado tradicional entre el público alemán "acostumbrada a cosas mucho más radicales" sobre las tablas. "SET FUNCIONAL" La directora también evitó comparaciones con aquel Viaggio porque "no tenía historia" y aquí está tan definida que lo difícil es hacerla simple por su complejidad. De hecho, quiso destacar "el set funcional, sencillo y simple que ayuda a que todo parezca irónico y divertido". Rosina es una "adolescente actual con mucha determinación" que "sólo conoce el mundo actual por las revistas del corazón", mientras que el Conde de Almaviva se presenta como un personaje más actual al igual que Figaro, que cambia la bata de barbero por una chupa de cuero omnipresente para conseguir cumplir su sueño, ser el hombre más conocido de la ciudad. |
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| http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008121800_31_707941__Oviedo-Barbero-Benny-Hill |
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| José Manuel Zapata y Pietro Spagnoli | |||||||||||||
| La Nueva España Diario Independiente de Asturias
16/12/2008 COSME MARINA C. M.
Hay una tendencia clara en Mariame Clément a ubicar sus producciones líricas en la turbia estética de los años setenta forzando, además, un tono cutrecillo, en el que los horteras campan a su libre albedrío. De hecho, la escenografía y el vestuario de Julia Hansen habrían hecho las delicias del británico Benny Hill para su celebrado espectáculo cómico. Con ese punto de partida estético le da un vuelo ligero y de vodevil bastante peculiar, en este caso, al melodrama bufo rossiniano. Tiene, también, un defecto que lastra un poco su discurso narrativo, que no es otro que el abuso del gag como situación cómica. En Rossini no es necesario enfatizar tanto porque la burla y el humor inteligente ya están magistralmente descritos en la partitura y, exagerados, a veces desvirtúan la comicidad. Clément tiene enorme talento escénico, técnica teatral muy consolidada, que se deja ver en la fluidez en que están encadenadas las escenas, en el soberbio manejo del arquetipo de cada personaje, en los guiños constantes al teatro del absurdo y en el manejo calculado de una provocación que podríamos denominar controlada. Hay una sucesión de boutades que ejercen un efecto de montaña rusa. O como diría Boris Izaguirre, una seriación de «momentos». A saber: momento micción-reconocimiento, momento serenata con músicos callejeros, momento tiras de depilación de Rosina, momento váter-tocador (este momento WC le gusta mucho a la Clément, como ya se vio en el «Viaggio», cuando una bajada de medias, un desodorante roll-on y unos tocamientos encendieron la chispa), momento lecciones de música con Basilio rocker acabado y Almaviva en el travestimento a lo Elvis -sensacional la morcillita musical en la lección- y como soldado borrachín a lo Rambo («no siento las piernas»), o momento cubos de basura-Vilma Picapiedra, por sólo citar algunos efectos en los que la alta capacidad inventiva de la directora de escena se desarrolló sin la menor cortapisa. O, lo que es lo mismo, fue fiel al espíritu de Rossini en la comicidad desde un planteamiento libre, con una dosis equilibrada de riesgo y prudencia. Es lo que debe esperarse de una creadora joven, de una artista que está desarrollando una carrera fulgurante en media Europa. Después de los comentarios en torno a la mayor o menor implicación del reparto en la producción, lo que se vio sobre las tablas fue un reparto de profesionales de primera categoría. Es evidente que unos estarían más o menos de acuerdo con la propuesta escénica, también lo fue que se ganaron el éxito cantando y actuando a pleno rendimiento, sin escatimar nada, con una entrega que el público reconoció de manera constante a lo largo de la representación. Hay que destacar también la sensacional prestación del coro masculino de la Ópera de Oviedo, perfecto escénica y vocalmente, y el sobrio trabajo de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, dirigida por un Álvaro Albiach buen conocedor del estilo rossiniano, aunque se echase de menos un poco más de vivacidad tanto en la obertura como en algún que otro pasaje orquestal al que le faltó chispa. De todas formas, Albiach aporta seguridad, ajuste foso-escena, y rema a favor de los cantantes, algo esencial y no tan frecuente como pudiera pensarse. Esta vez se consiguió un reparto homogéneo en su integridad. Así debe funcionar un elenco vocalmente, en bloque y con equilibrio. Los protagonistas son rossinianos de largo recorrido y eso, claro está, se nota. Pietro Spagnoli es uno de los más importantes barítonos de nuestro tiempo y uno de los Fígaros de referencia, y lo demostró en su debut ovetense con creces. Cantó con rotundidad apabullante la cavatina «Largo al factotum della città», exhibiendo voz de hermoso timbre, segura en el agudo y con intención y garra. El desarrollo de su personaje -concebido como un listillo buscavidas muy controlador de todas las situaciones- fue impecable en lo escénico y lo vocal de principio a fin. Tampoco se anduvo con rodeos el tenor José Manuel Zapata como conde de Almaviva. Zapata debutó profesionalmente en el Campoamor y el público lo ha visto crecer artísticamente. Ha cantado este rol con éxito arrollador en el Metropolitan de Nueva York y escucharlo aquí ha sido un lujo, la evidencia de que estamos ante uno de los cantantes españoles de mayor entidad y uno de los nombres que marcarán la pauta lírica en los próximos años. Escénicamente se sale -fantásticos los recitativos en italiano gangoso con acento inglés- por la simpatía que derrocha en escena, y vocalmente ya marcó el territorio desde el esplendente «Ecco, ridente in cielo». Mantiene Zapata una flexibilidad vocal, una ductilidad asombrosa para una voz de su volumen. Además, es un cantante valiente y se atrevió a abrir una de las arias más complejas no sólo de Rossini, sino de todo el belcanto, «Cessa di più resistere», que la mayoría de los tenores optan por obviar por su erizada dificultad. Escucharlo es asistir a un ejercicio admirable de fidelidad al canto rossiniano. Más allá de la mera exhibición técnica, hay profundidad expresiva y rigor interpretativo. Tampoco vocalmente se encuentran problemas en la mezzosoprano Silvia Tro como Rossina. Es un papel que desarrolla con holgura, exhibiendo buen registro central y agudos seguros, aunque quizá lastró su intervención cierta frialdad escénica que la dejó un poco atrás con respecto a otros compañeros suyos de reparto. Y en ese primer nivel también el bajo Simón Orfila cantó un magnífico Basilio, sobrado de medios, y muy brillante en la célebre aria de «La calumnia». Entre los secundarios, estupenda la Berta de Marta Ubieta y a buen rendimiento Arturo Pastor como Fiorello y el resto de partiquinos que completaron un reparto de un «Barbero» que, sin duda, seguirá dando que hablar en las próximas semanas. A estas alturas de la película, el montaje de «Il barbiere di Siviglia» estrenado el martes es una mirada sobre la obra bastante naif e inocente con pinceladas de absurdo salpimentadas con alguna broma de brocha gorda, todo lo más. La lectura positiva que se puede extraer es la polémica final, con división rotunda de opiniones que recibió, tras el éxito unánime y vigoroso del reparto y del director musical, la directora de escena Mariame Clément en su salida al escenario. Tampoco nada nuevo bajo el sol. En este apartado Oviedo se instala en la normalidad lírica que caracteriza las temporadas internacionales, siempre convulsas cuando de la escena se habla. El siguiente escalón -nosotros vamos aquí con un poco de retraso- es que ocurra lo que está pasando en algunos teatros en los que se abuchean ahora las producciones más clásicas. Curioso. De todas formas, el batiburrillo y la traca final son el mejor indicio de un teatro vivo que, ya desde hace años, muestra un eclecticismo muy atractivo que no responde a imposiciones de nadie, de ninguna tendencia, sino que muestra con bastante espontaneidad sus reacciones. Y la libertad no es del gusto de todo el mundo. Aún recuerdo cuando se mandaba callar si alguien aplaudía y determinado sanedrín dictaba que aquello no era digno de ovación. Esto se acabó. Ahora el que quiere patear lo hace y el que ovaciona y bravea también -todos pagan su localidad y tienen idénticos derechos- en sanísimo ejercicio democrático. El éxito del martes y la trifulca son síntomas evidentes para diagnosticar la buena salud del ciclo lírico ovetense, capaz de llamar a la reflexión, de apasionar e indignar a unos y a otros. Ahí está la línea de trabajo adecuada, no en reiterar los títulos tradicionales desde una óptica uniforme. La ópera está viva como género en todo el mundo porque ha sabido arriesgar, renovarse y seguir adelante impulsada en la tradición, no viviendo únicamente de las rentas del pasado. Esto no quiere decir que, también de vez en cuando, sobre el escenario, no podamos presenciar alguna aproximación en una línea más convencional, de calidad eso sí, no las casposidades que vimos en el pasado. Aunque bien pensado, después de trece temporadas de «Barbero» representadas en el teatro siempre bajo el mismo prisma escénico -en algunos casos cercano al horror- no está nada mal que, aunque sea por una vez, se haga desde otra perspectiva. Esto no hace daño a nadie, digo yo. En fin, que estas cosas retratan y a alguno ayer se le vio -y se lo oyó- la patita, y no precisamente bien depilada. |
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| La Nueva España Diario Independiente de Asturias Un «Barbero» ¿de risa? La labor de la directora de escena, Mariame Clement, fue valorada con una mezcla de aplausos y un sonoro pateo Pietro Spagnoli se coronó en su debut en Oviedo y también consiguió un gran éxito Zapata
Diana DÍAZ / Pablo GALLEGO La Ópera de Oviedo destapó ayer todos los secretos de su última apuesta, un «Barbero de Sevilla» arriesgado para los cánones habituales del ciclo en el Campoamor, apuesta a la que el público respondió con una de cal y otra de arena: aplausos y un sonoro pateo. La esperada producción de la obra de Rossini, una colaboración entre Oviedo y el Stadt Theater Bern que mezcló la realidad con guiños al teatro del absurdo, no dejó indiferentes. Sorpresa en todas sus vertientes. Pero, sobre todo, pura diversión. Y unas voces de altura. En el entramado de cualquier ciudad se desató la locura entre un triángulo amoroso. Bartolo es, según la directora de escena, Mariame Clement -su presencia sobre el escenario en los saludos finales fue la que desencadenó el pateo del público-, un dentista, especialidad clave para lograr situaciones cómicas. En su consulta se desarrollaron las tretas que urde Fígaro para ayudar al conde de Almaviva en su conquista de Rosina, una lolita que conoce el mundo a través de las revistas. Y es que el encarcelamiento que sufre la chica por el doctor Bartolo no es razón para que merme un cierto carácter rebelde. Silvia Tro, como Rosina, hizo su entrada en escena al ritmo de unas tiras depilatorias -que pusieron los pelos de punta a algunos espectadores- y fue festiva en su papel. La escenografía, centrada en las posibilidades de una caja con múltiples caras, se desarrolla entonces alrededor y en los interiores de una casa de usos múltiples. A sus pies, un cubo de basura y un contenedor, según la medida, sirven de escondite para las primeras tretas de la conquista. Almaviva se ha reencontrado, cara a la pared, con su compañero de la mili, Fígaro, uno de esos personajes que «siempre tiene un plan». Pietro Spagnoli fue el barítono bufo, irónico y «sobrado» que le hizo merecedor de grandes aplausos. José Manuel Zapata brilló como el conde snob y estrambótico y cuajó el personaje. Zapata, que en su periplo como conde se ha calzado hasta un traje de abejorro, esta vez aparece ataviado como Rambo, borracho, y como Elvis Presley, con un marcado acento americano. Álvaro Albiach, al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), valoró el ritmo y el impulso de Rossini, con gusto por el detalle y aportaciones en la agógica. |
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| El barbero de ser sería
18/12/2008 AURELIO M. SECO
Lugar: Teatro Campoamor Fecha: 16 de diciembre
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Cultura Voces de calidad en una escena cuestionada 18.12.08 - RAMÓN AVELLO
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| Un «Barbero» de impacto
Lunes, 22-12-08 ÓPERA COSME MARINA ..................Se metió al público en el bolsillo Pietro Spagnoli como Figaro......................... |
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